Desde que empezamos a organizar los viajes de buceo para ese año 2.010 nos rondaba por la cabeza la idea de buscar vida submarina grande. La agencia de viajes habitual con la que trabajamos nos habló de una zona que todavía no era muy visitada pero en la que durante la época estival se concentraban un buen número de mantas.

Maldivas es de sobra conocida entre los buceadores porque nunca defrauda. Siempre se había dicho que la mejor época para Maldivas era durante el invierno y ahora se nos aconsejaba el verano. La visibilidad iba a ser considerablemente menor, el tiempo exterior también sería más lluvioso y aún así se suponía que el viaje merecía la pena.

Procuramos informarnos antes de contratar el viaje  y vimos reportajes del National Geographic aconsejando el buceo en la Bahía de Hanifaru. Ubicamos dicha bahía en el mapa y allí que fuimos.

La época elegida: julio. La forma de llegar hasta la bahía a bordo de un excelente barco: el Moonson. Un barco de lujo que parte de la isla de Kuredu preparado para embarcar a 24 buceadores y que sólo llevaba a 12. ¡una ocasión única!

Hasta Maldivas como siempre llegamos con Quatar airlines vía Doha para aterrizar en Male.  Nuestro barco no estaba esperándonos allí ya que no queríamos “perder” dos días de travesía hasta llegar a nuestro destino, queríamos bucear todos los días en atolones poco frecuentados.  Tomamos un hidroavión que es una forma magnífica de otear Maldivas desde una altura que te permite observar las miles de miniislas de las que está formada, las inmensas playas de arena blanca y las lagunas de azul turquesa que forman.

Tras una hora placentera de vuelo llegamos a Kuredu y embarcamos inmediatamente en nuestro barco para comenzar nuestra aventura.

La primera inmersión de reconocimiento la hicimos en la propia bahía de Kuredu y rápidamente partimos en busca de las mantas rayas gigantes.

La Bahía de Hanifaru pertenece al atolón de Baa y el año anterior fue declarada Área Marina Protegida. Es una zona relativamente pequeña, como un campo de fútbol, con fondo prácticamente de arena y poco profunda. Las mantas rayas se concentran en este punto para alimentarse del rico krill que asciende de las profundidades en esta época y se queda atrapado. La cantidad de krill es tal que sientes como te golpea en la cara y además disminuye la visibilidad.

Hicimos nuestra primera inmersión en la bahía. No había absolutamente ningún otro barco, algo que nos sucedió durante todo el viaje y que es el sueño de todo buceador.

Prácticamente estuvimos toda la inmersión recorriendo la arena y sólo al final aparecieron dos mantas que permanecieron junto a nosotros hasta que nos fuimos.

Salimos un poco decepcionados.

Al día siguiente volvimos a probar suerte. Esta vez primero se metió el guía para localizar cuándo y exactamente dónde aparecían las mantas. En breves instantes y muy nervioso nos hizo vestirnos y tirarnos en el punto exacto. Y el espectáculo comenzó.

Aparecieron unas 40-50 mantas como si viniesen desfilando hasta quedarse entre nosotros. Les hicimos un corro y al principio permanecíamos quietos embelesados observando las piruetas que dibujaban las mantas.

No sólo impresionaba la cantidad de mantas juntas sino también el tamaño de las mismas. La mayoría mediría unos 3 metros pero alguna de ellas era considerablemente mayor.

Las mantas pasaban de los buceadores, nadie tocaba a nadie. Los buceadores no osamos tocarles, sólo les acribillamos con las fotografías y ellas calculaban perfectamente para pasar sin rozarnos siquiera.

Durante su paso las mantas giraban sobre si mismas una y otra vez con la inmensa boca abierta para pillar la mayor cantidad de krill posible. Se colocan de tal forma que parece que lo que ha dejado sin pillar una manta lo recoge en su giro la siguiente. Es lo que llaman los científicos “alimentación en ciclón”. Nunca habíamos visto nada igual.

Permanecimos ante esta visión espectacular hasta que el manómetro indica la hora de salir que no coincide con nuestro deseo de abandonar el agua.

Eso si, se queda un agua un poco revuelta: el movimiento de las mantas, el propio krill y la arena levantada por nuestras aletas no es la situación ideal para hacer fotos de excesiva calidad porque hay demasiada materia en suspensión.

Si los buceadores queremos seguir contemplando un espectáculo como éste las autoridades deberán gestionar este Area Protegida ya que en dos años se ha visto triplicar la llegada de safaris de buceo no siempre con la reglamentación correcta y puede llegar a producirse una huida para su alimentación hacia otro punto o ver disminuida su población.

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